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  • Giancarla Marisio

La ley de lo opuesto y la Educación


La ley de Opuesto es una ley muy utilizada en creatividad para generar ideas que “reten” a una tendencia o una marca líder en el mercado. La sociedad está repleta de ejemplos de este tipo, e incluso las propias tendencias o contra tendencias se construyen bajo esta ley.

La misma lucha por la presidencia de Estados Unidos entre Trump y Clinton es un ejemplo de la ley del opuesto. Ambas “propuestas” son radicalmente opuestas, generando atracción o rechazo en una de ellas. Lo es para nosotros en Chile cuando vemos también candidatos a presidencia o recientemente a alcaldes.


Esta ley fue emitida en los años 90 por los autores Al Ries y Jack Trout en su libro las 22 leyes inmutables del marketing y aunque el propósito de esa ley era trazar las líneas de diferenciación de una marcar respecto al líder, en Creatividad la usamos para producir ideas que puedan ocupar un espacio dentro de las posibilidades de nuevas creaciones.


La ley del opuesto nos habla que “Donde quiera que el líder sea fuerte hay una oportunidad para un ambicioso número 2 de cambiar los papeles.”


La ley del opuesto te invita a observar al otro y te dice lo siguiente: no intentes ser mejor que el otro sino más bien DIFERENTE.


Ahora bien, ¿cómo debería ser el papel del educador en los tiempos actuales? ¿Cómo debería ser la educación si aplicamos esta ley?


Carlos Luna realizó un ejercicio a un grupo de estudiantes entre las edades de 12 a 15 años y les preguntamos que eligieran las palabras que mejor definían internet para ellos:

Ya, Respuestas, Todo, Fácil, Rápido, Resultados, Impersonal, Control y Conectar.


El resultado sería el siguiente:

Es así que si queremos contra restar el efecto que está teniendo la tendencia “líder” en nuestros alumnos e hijos para así sacar todo su potencial creativo deberemos trabajar en nuestro día a día estos contrarios dados a que NO genera la educación lo que genera instagram:

  • “Todavía no” : no existe una buena idea, que realmente haya cambiado el mundo , haya aportado valor y haya generado un cambio positivo que no sea fruto de la paciente búsqueda del investigador o creativo que la desarrolló. Ayudemos a nuestros hjos a saber convivir con los tiempos y ritmos de la vida.


  • Preguntas: ¿Podríamos evaluar a nuestros alumnos por su capacidad de preguntar sobre una realidad y no solamente por su capacidad de responder? ¿No sería éste un criterio para medir el grado de profundización que el alumno tiene sobre una realidad y por lo tanto sus posibilidades de relacionarse con ella, mejorarla o transformarla al servicio de la sociedad?


  • Escasez: Está demostrado. Cuantos más recursos materiales damos a una persona menos forzamos las conexiones entre ideas que poseemos y menos desarrollamos su actitud creativa ante la falta de “necesidad” de ser creativos. Ante una tendencia actual en las familias, escuelas, y universidades en donde dotamos al alumnos de numerosos recursos didácticos y asistenciales de todo tipo (aulas virtuales, foros, tutorías, notas técnicas, bibliografía, presentaciones del profesor…)


  • Difícil: ¿Dónde ponemos el nivel a nuestros alumnos ante la capacidad de resolver un reto? ¿Damos más peso a la no-frustración del alumno que a ejercitar su capacidad de anteponerse a los contratiempos que la vida le traerá? Edison decía : “ No he fracasado, he encontrado 10000 formas que no funcionan” El problema es cuando en el tercer intento tiran la toalla o simplemente deciden no seguir porque no es “divertido, motivante o estimulante”. Nuestra labor como educadores es elevar a nuestros hijos y alumnos al mejor nivel de si mismos.


  • Lento: Muy unida a las anteriores. No existe una gran innovación que no haya sido “cocinada” a fuego lento. Ahora bien, si nuestros alumnos viven 24 horas al día sometidos a lo inmediato, los estímulos constantes y fugaces de contenidos, como van a ejercitar la paciencia, la profundización, la capacidad de análisis si su cerebro está sólo entrenado desde lo inmediato y lo fugaz? Deberíamos contrarrestar ese efecto, con nuestra labor como educadores.


  • Procesos: Si el alumno vive en torno a una casilla de google en el que pone cualquier cosa y le salen al instante unos resultados…deberíamos,-unido al anterior-, trabajar con él la capacidad de asombro y descubrimiento sobre cómo se hacen las cosas, o cómo se producen las ideas finales. Todo es fruto de un proceso y de las relaciones que somos capaces de crear entre ellas fruto de unos procedimientos interconectados hacia un bien.


  • Me compromete todo: Frente a lo impersonal de la tecnología, la labor del testimonio, y el ejemplo del educador y una formación integral del alumno que abarque todas sus facultades serán la clave para desarrollar la creatividad de nuestros alumnos.


  • Incertidumbre: Educar desde la propia contingencia y la incertidumbre que la propia vida trae consigo y con la que tendrán que convivir en su etapa adulta será fundamental para ciudadano creativo de la sociedad del siglo XXI. ¿No estamos creando micro mundos ficticios en nuestros colegios y universidades en los que los alumnos tienen todo controlado, saben cuando son los exámenes, las pruebas, lo que tienen y no tienen que hacer para lograr un aprobado? ¿Acaso el mundo al que se enfrentarán viene escrito en una guía docente.


  • Autonomía y Silencio: Educar desde el silencio. Un silencio que forma parte de la vida y que cuando aprendes como incorporarlo a tu vida, es planificador, y posibilita la creatividad. Nuestros alumnos viven en la cultura del estímulo constante, estímulo que se convierte en ruido y no posibilita la profundización en las realidades a las que se enfrentan ( sean problemas o no) y por lo tanto impiden generar ideas más allá de lo inmediato y lo obvio.


Fomentar lo contrario tiene que ver con hacer los contrarios. Y permitir la libertad.


Estas son algunas de las aproximaciones que desde la ley del opuesto y tomando como tendencia imperante internet/tecnología podrían inspirar nuestros modos de relación y de educación con nuestros hijos y alumnos. Ahora bien, la cuestión es: ¿se están apoderando las máquinas de nosotros, educadores? ¿Somos también hijos de nuestro tiempo y víctimas de una tendencia que cada vez más se impone en la cultura actual?


No lo creo, y tenemos que acomodarnos en nuestra nueva era. Aprender, seguir aprendiendo, ver este proceso como una oportunidad en ese aprendizaje. Ahora bien, trabajar también los opuestos como ya se los he mencionado.


Giancarla Marisio



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